Baños (una reflexión sobre lo público)

Por: Zaida Capote Cruz

Buscaba unas chancletas y terminé en el hotel Riviera. En la puerta, un portero entre atento y hosco me espetó el consabido saludo-detente, advertencia para transeúntes desprevenidos: “buenas tardes”. “Buenas tardes, voy a la tienda”, respondí, e intentó bromear: “¿Estás brava?” No sigo. Digo, seguí adelante y fui a la tienda y encontré las chancletas que necesitaba. Las pagué y a la salida fui al baño del vestíbulo. El mismo portero me “llama la atención” porque si me hubieran visto, dice, lo hubieran reprendido. Según la empresa que regenta el hotel, sigue diciendo, quienes no somos huéspedes no podemos usar sus baños, pero sí comprar en sus tiendas; o sea, digo yo, solo valemos como consumidores, no como personas. En su explicación de por qué lo “perjudicaría” mi entrada al baño, el portero intentó explicarme que la “parte cubana” de la administración del hotel era la responsable de la prohibición, así que me limité a hacerle saber que era una violación de derechos de la ciudadanía, sin extenderme en las razones: la “parte cubana” no es más dueña que cada uno de nosotros de esos recursos que, en última instancia, son del pueblo. (más…)

Hablando del aborto

De Palabra NuevaPor Zaida Capote Cruz

Estábamos en un panel sobre el discurso político en uno de los “Último jueves” de la revista Temas y, en medio del intercambio final con el público, mencioné el aborto y la posición de vulnerabilidad de ese derecho conquistado hace tanto por las mujeres cubanas. Por un lado me preocupa la insistencia en la necesidad de estimular la maternidad como la clave del dilema poblacional que enfrenta Cuba, haciendo a un lado o considerando menos decisivos otros factores como la ingente emigración a los Estados Unidos —que debe haberse contenido un poco tras la revocación de la llamada ley de pies secos, pies mojados— o la inflación creciente y la reducción de los servicios sociales y prestaciones que, aunque existentes, en la práctica no están funcionando como se necesita.[1]

Mencioné además mi sorpresa ante un anuncio en la revista Palabra Nueva, de la arquidiócesis de La Habana, donde se desplegaba un llamado contrario a ese derecho constituido. “La nueva persona que se ha formado EXISTE Y ESTÁ VIVA desde el mismo momento de la fecundación”, rezaba, para proseguir con tres lemas más: “El aborto: destruye la vida”, “Él tiene derecho a vivir” y “no arranques de ti la vida que brota de tus mismas entrañas…”.[2] Tras la discusión se me acercó uno de los presentes para aclararme que no debía yo hablar del aborto como un “derecho”, sino como una “elección”. Cualquiera pensaría tal corrección razonable; sin embargo, ya sabemos cuánta capacidad de elección tienen las mujeres que deciden acudir a un aborto contra la voluntad de la sociedad, la familia o la pareja. En Cuba el acceso al aborto legal, gratuito y seguro es un derecho de toda mujer fértil, sea cual sea su situación social. Pensarlo como un derecho de las mujeres suma contexto, pues la elección es previa a la decisión, y es individual. Y en cada caso proviene de circunstancias distintas. Cuando una mujer decide abortar, ya hizo su elección. El derecho es, por el contrario, un bien colectivo, para todas por igual; nos iguala a todas en el acceso a la salud. (más…)

La libertad de expresión no es tal cuando desconoce NUESTROS derechos

dia-internacional-de-la-mujerPor Lirians Gordillo Piña

Creo en las palabras, en su fuerza, en su impacto en nuestras vidas. Sobre todo creo en la responsabilidad social y los sentidos que implica usarlas, callarlas, cambiarlas. La distancia entre las opiniones y los derechos es corta. Miremos la historia y el presente.

En el caso de las mujeres históricamente se han violado nuestros derechos en función de creencias patriarcales—opiniones fundamentadas desde la religión, la economía, la cultura, la política e incluso la psicología y la biología—. (más…)

Presentación de El comité de la noche, de Belén Gopegui

portada Belén.jpgPor Zaida Capote Cruz

Un despacho de Europa Press (del 17 de abril del 2012) provee la noticia, el motivo, el clic inicial para el despegue de esta novela: “Una multinacional farmacéutica plantea pagar 70 euros semanales a los parados que donen sangre”, reza. Como las palabras que Álex, una de las protagonistas, teclea en lugares públicos, intentando pasar inadvertida, esta novela es también un manifiesto. Un manifiesto que recuerda, salvando las distancias estilísticas y de estructura, la incisiva Impuesto a la carne, de Diamela Eltit. Pensar la desposesión, la precarización, la explotación también, en términos corporales, parecería exagerado. Sin embargo, la expansión capitalista no se detiene, y busca recursos donde los haya, sin vergüenza alguna. Por eso termina pareciendo normal servirse de los cuerpos, los órganos, la sangre de la gente. Si así se puede ganar algo, perfecto. La lógica del capital ignora la cortesía y promulga la violencia. Pero a quien escribe, llámese Álex o quién sabe cómo, no le importan las culpas, sino las consecuencias, y las consecuencias pueden ser duras, tremendas, inhumanas. No hay más opción que hacerles frente. (más…)

Trump y los asuntos de las mujeres

marcha.jpegPor: R. Aída Hernández Castillo*/ Publicado en La Jornada

El 21 de enero pasado fuimos testigos de una de las movilizaciones más grandes en la historia reciente de Estados Unidos. Más de medio millón de personas marcharon por las calles de Washington para recordar al presidente Donald Trump que sus políticas racistas, misóginas y xenófobas no van a ser aceptadas pasivamente. Respondiendo al llamado de una heterogénea coalición de organizaciones feministas y de mujeres de color, cientos de miles de mujeres y hombres de distintas regiones del país del norte viajaron a la capital de Estados Unidos a manifestar su rechazo al nuevo gobierno; paralelamente hubo manifestaciones en 670 ciudades a todo lo largo y ancho del país. El llamado cruzó fronteras, realizándose actos paralelos en otras 70 ciudades del mundo, desde la Ciudad de México hasta Tel Aviv.

A diferencia de las marchas feministas de las décadas de los 60 y 70 del siglo XX, que estuvieron hegemonizadas por una agenda liberal de derechos y encabezadas por feministas blancas de clase media, estas movilizaciones se caracterizaron por ampliar los llamados asuntos de las mujeres. Los principios de unidad que circularon por las redes sociales en la Declaración de la Marcha de Mujeres de Washington partían de tres demandas fundamentales: justicia de género, justicia racial y justicia económica (ver). La senadora afroindiaestadunidnese Kamala Harris criticó en su discurso las perspectivas limitadas de los asuntos de las mujeres, desglosando cómo la economía, la seguridad nacional, la salud y la educación son todos asuntos de las mujeres, que están en peligro con las perspectivas empresariales, privatizadoras y militaristas de la nueva administración.

La misoginia que caracterizó la campaña electoral de Donald Trump, incluyendo el ofensivo video en que literalmente hablaba de cómo agarraba la vagina (grab the pussy) de las mujeres con las que trabajaba, no tiene precedente en ningún otro proceso electoral, ni en las peores épocas del conservadurismo estadunidense. Paralelamente, el ahora presidente anunció sus intenciones de criminalizar el aborto e incluso encarcelar a las mujeres que interrumpan voluntariamente su embarazo. A estas violencias se añaden los peligros de nuevas violencias estructurales contra las mujeres que pondrán en peligro los logros alcanzados en las últimas décadas.

Desde esta perspectiva, el racismo institucional que ha posibilitado la violencia policial hacia la comunidad afroestadunidense y latina es una preocupación feminista. La presencia de las madres del movimiento Black Lives Matter en la vanguardia de la marcha así nos lo recordó. Las mujeres de los barrios pobres de Estados Unidos sufren la violencia policial que asesina a sus hijos y las criminaliza. La Declaración de la Marcha denuncia un aumento de 700 por ciento en las mujeres encarceladas de 1980 a la fecha. Donald Trump ha anunciado que aumentará la presencia policial en los barrios pobres y no permitirá abusos contra la policía

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Crónica tardía: Violencia contra la mujer en el 38 Festival del Nuevo Cine Latinoamericano de La Habana

Por: Zaida Capote Cruz

Varias de las películas programadas en la salas de La Habana en esta 38 edición del  Festival tratan el asunto de la violencia contra la mujer. Coherente con esa persistencia, el Festival incorporó, como cada año, los mensajes de la Campaña por la no violencia hacia la mujer (sic), esta vez más airosos que en ocasiones anteriores.

Filmes como el documental Tempestad, de Tatiana Huezo, o las ficciones La muerte de un viajante, de Ashgar Faradi, Acuarius, de Kleber Mendonça o La mujer del animal, de Víctor Gaviria, pusieron en pantalla la frecuente calidad del cuerpo femenino como rehén de deseos ajenos.

En Tempestad dos mexicanas enfrentan la violencia estructural que las convierte en víctimas con la complicidad de las autoridades: a una le secuestraron a su hija hace diez años; a la otra la acusaron sin pruebas y la recluyeron por varios meses en un penal manejado por el cártel del Golfo. De tono muy mesurado, el documental ofrece dos relatos superpuestos: la madre huérfana de su hija aparece en su día a día (trabaja como payasa en el circo familiar), acompañada por el resto de las mujeres de su familia; ella mira de frente a la cámara y denuncia cómo las autoridades impidieron que se movilizaran para intentar seguir las pistas posibles de los secuestradores. La otra testimoniante, cuyo nombre se dice al comienzo del film, no aparece nunca, salvo en una escena final que la muestra flotando en el agua de un cenote. Trabajadora del aeropuerto de Cancún, acusada de tráfico de personas, al llegar al penal de Matamoros se le informa que debe pagar una cuota de entrada y otra semanal si quiere mantener el privilegio de estar viva, pues el penal no se rige por las normas jurídicas de la federación, sino por las reglas dispuestas por los miembros del Cártel. Transcurrido el tiempo, un abogado llega a liberarla por falta de pruebas. Escuchamos la voz en off mientras vemos escenas del viaje de Matamoros, en Tamaulipas, al norte de México, hasta Tulum, Quintana Roo, en el sureste. Lo más desconcertante en ese viaje de regreso son los numerosos retenes militares, con barricadas y personal fuertemente equipado, que detienen la guagua e interrogan a los viajeros. Ahí la historia de la mujer secuestrada por el sistema penal cede el paso al testimonio de una realidad invadida por la violencia de estado, por la militarización del espacio público y por el acotamiento de la vida privada. (más…)

36 escritoras cubanas contra la violencia hacia la mujer

sombras-nada-masPresentación de la antología Sombras nada más.

Por: Zaida Capote Cruz

Hace un año justo un grupo de colegas llevamos a cabo una acción en el espacio virtual. Lanzamos una convocatoria pública para que en Cuba se aprobara una Ley contra la violencia. El detonador fue la carta que un escritor cubano enviara a otro, acusado de violentar a una mujer, en que hacía afirmaciones dolosas del tipo, “ya se reconciliarán y todo quedará en el olvido”.
Aunque nuestra declaración, Tod@scontralaviolencia, estuvo circulando algún tiempo, y consiguió firmas solidarias de muchas personas, y mujeres del grupo se reunieron con representantes de varias instituciones y organizaciones cubanas que podrían haberse implicado en la discusión pública que proponíamos, nada de eso tuvo lugar.[1]

En nuestro país el tema de la violencia contra la mujer es aún tabú, y pensarlo como un tema de discusión pública todavía parece una utopía demasiado irreal. Lo que ocurre, en cambio, cuando la prensa se refiere al tema, es que se ciñe, por un lado, al asunto del comportamiento personal (la causa es el machismo inoculado por la práctica cultural histórica) y, por el otro, a las vías de denuncia y enfrentamiento ya existentes (que han demostrado no ser idóneas en todos los casos). Nuestra propuesta de una ley específica sobre el tema propugnaba gestionar la violencia contra la mujer del mismo modo para cada víctima del mismo delito; tal como está organizado en este momento, sin embargo, el sistema de prevención y atención depende mucho de la gestión de la víctima o sus familiares, y muchas veces a aquella le es imposible pensar con claridad, buscar ayuda o salirse del ciclo de la violencia, tantas veces descrito. Por otro lado, permite que el lugar del agresor en la sociedad sea decisivo en que este pueda librarse o no de la condena. Pasa con este tema lo mismo que con otros pendientes de discusión y transformación: para las autoridades establecidas, aunque queda mucho por hacer, ya hemos hecho mucho más que otros en otros lados. Con semejante ritornello, sigue siendo imposible movilizar opiniones y cuerpos; cambiar las reglas del juego.

Reducir las causas de la violencia contra la mujer al machismo individual o colectivo en nuestra sociedad conlleva el reconocimiento implícito de que la solución es individual, subjetiva; lo mismo ocurre con las tareas de sensibilización, que suelen concebirse destinadas a la mentalidad individual, algo muy coherente con los nuevos tiempos en que el individualismo pareciera haber desplazado los proyectos colectivos. Emprender una discusión para la transformación social profunda desestabilizaría no solo la concepción de cada individuo, sino incluso conllevaría la evaluación de cómo está organizada nuestra sociedad, desde el espacio mínimo de la vida familiar o doméstica, hasta la escuela, el trabajo y las estructuras sociales. Una vez más, la ocasión que ofrecíamos se desestimó. Las estructuras existentes nos escucharon (seguramente incluso aprovecharon alguna de las ideas que compartimos) pero no ocurrió nada más. (más…)

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