“Cubanas trabajando (a veinticuatro cuadros por segundo)”[1]

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Por Zaida Capote Cruz

En Retrato de Teresa (1979), de Pastor Vega, una madre alecciona a la hija, abrumada por los problemas conyugales: “Desde que el mundo es mundo el hombre es hombre y la mujer es mujer, mija, eso no puede cambiarlo ni Fidel”. Sin embargo, cuentan que muchas parejas de aquellos días salían del cine discutiendo, y que buena parte de las veces los hombres iban cabizbajos. El reconocimiento de la desigualdad en el filme avanzó argumentos y ejemplo para la discusión del asunto. Pero no era la primera vez ni sería la última que un tema de ese cariz tomaba las pantallas cubanas.[2]

En el tercer cuento de Lucía (1968) ya Humberto Solás había abordado con mucha fortuna la desigualdad en la pareja. En un baile comunal, un hombre invita a Lucía y el marido reacciona violentamente: “Para eso tú eres mi mujer… tú vas a ser pa mí namá; como yo quiero, coño”. Pero el entorno está en constante transformación, y el llamado de la realidad no cesa.[3] En una asamblea se anuncia que vienen los alfabetizadores.[4] Una miliciana cuenta sobre el rumor de que algunos “compañeros” andan diciendo que en su casa no va a entrar ningún “pepillito” y de ahí proviene el conflicto central de la película. A Tomás le molesta cualquier demostración de familiaridad (inevitable, por demás, en la enseñanza individual) y maltrata tanto a Lucía como al alfabetizador. La apelación a la condición de revolucionario como contraria al machismo es permanente en la película. La vecina miliciana usa para convencer a Tomás un argumento irrefutable: “Tú siempre has sido muy revolucionario. Esta es una medida del gobierno revolucionario. Si ella no aprende a leer va a ser víctima del imperialismo yanqui”.[5] El énfasis en que con el cambio social la condición de la mujer variará inevitablemente, y de que es responsabilidad colectiva el destino de cada individuo toma forma aquí (y en muchas otras películas del cine cubano) en la intervención de los vecinos, la familia o el sindicato en la relación de la pareja. Por eso uno de los personajes afirma: “ya la mujer no es la esclava del marío” y, aunque, como en el cuento, el último en enterarse ha sido él, los demás no dejarán de recordárselo.[6] Sin esa intervención externa, Lucía hubiera permanecido sojuzgada por el amor a su esposo, pero su vecina viene a pedirle que se vaya a trabajar a la granja, y uno de los argumentos clave de esa idea será el otorgamiento de casas nuevas, para el cualtendrán prioridad aquellas familias “donde trabajan el marido y la mujer”. Un catalizador importantísimo es, claro está, la llegada del alfabetizador (la personificación de la nueva política revolucionaria), quien le dice a Tomás: “Tú no tienes derecho a destruirle la vida a Lucía”, mientras a ella su amiga le aconseja: “No lo pienses más, Lucía, vete. […] Tú no puedes seguir aquí de criadita de Tomás”.[7] Es sintomático que, cuando decide marcharse, Lucía, hasta ayer analfabeta, deja un mensaje ¡escrito! Y ese acceso a la escritura (y a la lectura) es garantía de su libertad. Aun con errores y sin puntuación, su mensaje es clarísimo: “me boy yo no soi una esclaba”. Ya su tránsito a la libertad ha ocurrido, por eso luego aparece trabajando en la salina, con un saco al hombro. Cuando Tomás llega a buscarla, las mujeres lo enfrentan con un argumento que vuelve a acudir a la revolución como garantía del cambio: “Ella está cumpliendo con su deber”, le espetan, mientras la animan a escaparse. Lucía corre, alejándose de él, que la persigue entre tropezones. Habrá aun otro encuentro, presenciado por una atenta niña; pero cuando él intente la reconciliación en los antiguos términos, ella responderá: “Ya no te quiero, Tomás, ya no te quiero. Yo tengo que trabajar, Tomás”, y huirá de nuevo. (más…)

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The New Yorker: Dulce María Loynaz en tiempos de fake news

Por Zaida Capote Cruz

Leer a Dulce María Loynaz con Celia Cruz de fondo debe ser un ejercicio arduo. Pero todo vale cuando se precisa hilvanar una historia falsa. La reseña publicada por Carina del Valle Schorske en The New Yorker (http://www.newyorker.com/books/page-turner/the-internal-exile-of-dulce-maria-loynaz) sobre la antología Absolute Solitude, traducida por James O’Connor y publicada por Penguin Books, ofrece un perfil de la poetisa cuyos lectores más asiduos apenas podrán reconocer.

Equiparando el exilio de Cruz con el “exilio interno” de Loynaz, la estudiante de la Universidad de Columbia va tejiendo una maraña de referencias espurias. Cada quien puede hacer florecer su creatividad hallando señales inéditas en un texto literario. Esa es la razón de la crítica. Ahora bien, decir que los Poemas sin nombre son textos políticos o que Loynaz “buscó el éxito con su primer libro” son afirmaciones más o menos vanas. Y desconocen, para empezar, la personalidad de Dulce María. Pero afirmar que estuvo presa en 1959, según un testimonio incomprobable, cuando la propia escritora ha contado en Fe de vida —de 1994, aunque escrito en 1978— sobre el registro que hizo la policía en su casa y no menciona prisión alguna, o afirmar que por su procedencia de clase y por no afiliarse al Partido Comunista fue considerada una traidora, es extremarse en la banalización. (más…)

Más centrista serás tú

Por: Zaida Capote Cruz

Se ha desatado una campaña mediática para tildar insistentemente de “centristas” a intelectuales cubanos que, víctimas de la penetración cultural, la labor de zapa de la CIA o de sus propias ambiciones (tales suelen ser, dicho pronto y mal, los argumentos), han expresado últimamente alguna crítica a la labor de gobierno o cualquier preocupación por el futuro de Cuba en términos ajenos a los de Granma o el Noticiero Nacional de Televisión.

Tal acusación intenta desautorizar la opinión de los aludidos (a veces directa, otras veladamente) y excluirlos del debate público sobre el destino de Cuba. Una y otra vez, a pesar de las múltiples convocatorias al debate, a pesar de la cada vez más perentoria necesidad de sumar tantas voces y brazos como sea posible, atiborran los medios y las redes con estos sahumerios de pureza que niegan toda opinión medianamente crítica sobre la realidad cubana. Tanta bravuconería intenta espantar el fantasma de la participación real de la gente en el destino de Cuba. (más…)

Jardín, una experiencia crítica

jardinMi edición crítica de Jardín. Novela lírica, de Dulce María Loynaz —un trabajo del cual me siento bastante satisfecha— se presentará en el Sábado del Libro el 24 de junio a las 11:00 am, en los portales del Museo de la Ciudad, en La Habana Vieja. Comparto aquí una parte de mi libro Loynacianas, de próxima aparición por la Editorial Extramuros, a propósito de esa experiencia.

Por: Zaida Capote Cruz

 Jardín, una experiencia crítica

¿Cómo enfrentar un texto como Jardín? ¿Quién necesita una edición crítica? ¿Qué clase de edición crítica? La verdad, aún no sabía cómo ni quién ni qué cuando decidí ocuparme de la novela. Todo lo que tenía entonces eran dudas. Hacía mucho soñaba con hacer una edición crítica o cuando menos anotada; pero los manuscritos de la novela habían sido donados por Dulce María Loynaz a Aldo Martínez Malo para el Centro Hermanos Loynaz de Pinar del Río. Y el mítico celo de Aldo con aquellos papeles, que gustaba de mostrar a la luz de una vela, misteriosamente, mientras leía algún fragmento ante los azorados ojos de sus invitados, parecía eternizar mi sueño. La primera vez que leí, a instancias de Enrique Saínz, la novela de Dulce María Loynaz no podía sospechar que alguna vez aquel sueño dejaría de ser una ilusión eterna. Una colega sabia, Rosa González, solía animarme, y la vida le dio la razón. Contra todo pronóstico, la oportunidad llegó cuando ya había dejado de esperarla y me ocupaba en otros temas.

Una tarde, Nuria Gregori, directora del Instituto de Literatura y Lingüística, donde trabajo, me pidió que fuera en representación suya al Ministerio de Cultura a discutir el destino de aquellos papeles otrora tan celosamente custodiados por Aldo y que tras su muerte su familia decidió ofrecer al estado cubano. En aquella sesión se decidió ejecutar cuanto antes la compra y mi sueño pudo renacer aun más saludable.

Meses más tarde, en el Museo de la Música, destino elegido por sus azarosos propietarios como depósito inicial, me ofrecí a catalogar el fondo en compañía de Roberto Núñez Jauma, archivero del Museo, y cada minuto trajo un descubrimiento. Allí estaba, para mi sorpresa, la copia mecanografiada de la traducción de Dulce María de Ella no responde, de Matilde Serao, que muchos daban por perdida, y había, además de fotografías familiares, álbumes de recortes y otros documentos de interés, los tan ansiados manuscritos de la única novela de Loynaz. (más…)

¿Activismo en la academia? Las rutas del feminismo en el congreso de LASA en Lima

Estuvimos en el congreso de LASA en Lima donde participamos en varias mesas de trabajo. Asistimos al encuentro previo “Diálogo de saberes y feminismos latinoamericanos”, organizado conjuntamente por las secciones de Sexualidades y Género y estudios feministas en la Casa de la Literatura Peruana. Fue hermosa la breve convivencia con temas diversos, excelente la discusión y muy movilizador el contacto con los testimonios de Alma Fernández, del Bachillerato Popular Trans Mocha Celis (Argentina) y Jana Villayzan Aguilar y Miliuska Luzquiños, de la Red Trans (Perú) acerca de la batalla por la identidad legal de género que ha debido enfrentar el colectivo trans, entre otros muchos temas importantes. Fue un espacio de aprendizaje y crecimiento y allí saludamos brevemente a Aída Hernández Castillo, de México, a quien habíamos publicado aquí sin conocernos. Otras muchas experiencias formadoras no solo desde lo académico, sino humanas, recogimos en Lima en esos pocos días, dentro y fuera de los salones del congreso. En la Casa de la Literatura Peruana visitamos con muchísimo gusto “Trazos cortados. Poesía y rebelión en Magda Portal”, exposición donde sus jóvenes curadoras lograron atrapar la tensión entre escritura y política, creativa y bellamente.
Aquí están algunas de nuestras intervenciones.

“Activismo académico. Tradición, práctica y testimonio”

Zaida Capote Cruz- Instituto de Literatura y Lingüística, Cuba

El activismo feminista en Cuba surgió, desde que se tiene memoria, y como en muchos otros lados, de la práctica vital de mujeres ilustradas; mujeres cuyos saberes sociales, adquiridos en la práctica intelectual, en los viajes al exterior y en la exquisita educación de su privilegiada clase social fueron identificándose con los derechos de las más e integrándolos, de a poco, en sus objetivos de vida y trabajo. Con esta aseveración pretendo, por un lado, rescatar el costado activista avant la lettre de aquellas pioneras que fueron armando una conciencia común en las mujeres cubanas, de manera que pudieran pensar en exigir, entre todas, derechos igualmente comunes y, por el otro proveer un espacio de encuentro productivo entre activismo y academia, pues me parece que a menudo tal separación solo establece barreras inoperantes y elude contactos y hasta alianzas posiblemente provechosas, al tiempo que, en la práctica feminista, creo que el activismo mejor no tiene por qué alejarse de la práctica intelectual, del crecimiento teórico, de la discusión de textos, sino que, por el contrario, la práctica académica feminista no tiene otro modo de ser auténtica que acompañando e involucrándose en el espacio activista.[1] (más…)

Baños (una reflexión sobre lo público)

Por: Zaida Capote Cruz

Buscaba unas chancletas y terminé en el hotel Riviera. En la puerta, un portero entre atento y hosco me espetó el consabido saludo-detente, advertencia para transeúntes desprevenidos: “buenas tardes”. “Buenas tardes, voy a la tienda”, respondí, e intentó bromear: “¿Estás brava?” No sigo. Digo, seguí adelante y fui a la tienda y encontré las chancletas que necesitaba. Las pagué y a la salida fui al baño del vestíbulo. El mismo portero me “llama la atención” porque si me hubieran visto, dice, lo hubieran reprendido. Según la empresa que regenta el hotel, sigue diciendo, quienes no somos huéspedes no podemos usar sus baños, pero sí comprar en sus tiendas; o sea, digo yo, solo valemos como consumidores, no como personas. En su explicación de por qué lo “perjudicaría” mi entrada al baño, el portero intentó explicarme que la “parte cubana” de la administración del hotel era la responsable de la prohibición, así que me limité a hacerle saber que era una violación de derechos de la ciudadanía, sin extenderme en las razones: la “parte cubana” no es más dueña que cada uno de nosotros de esos recursos que, en última instancia, son del pueblo. (más…)

Hablando del aborto

De Palabra NuevaPor Zaida Capote Cruz

Estábamos en un panel sobre el discurso político en uno de los “Último jueves” de la revista Temas y, en medio del intercambio final con el público, mencioné el aborto y la posición de vulnerabilidad de ese derecho conquistado hace tanto por las mujeres cubanas. Por un lado me preocupa la insistencia en la necesidad de estimular la maternidad como la clave del dilema poblacional que enfrenta Cuba, haciendo a un lado o considerando menos decisivos otros factores como la ingente emigración a los Estados Unidos —que debe haberse contenido un poco tras la revocación de la llamada ley de pies secos, pies mojados— o la inflación creciente y la reducción de los servicios sociales y prestaciones que, aunque existentes, en la práctica no están funcionando como se necesita.[1]

Mencioné además mi sorpresa ante un anuncio en la revista Palabra Nueva, de la arquidiócesis de La Habana, donde se desplegaba un llamado contrario a ese derecho constituido. “La nueva persona que se ha formado EXISTE Y ESTÁ VIVA desde el mismo momento de la fecundación”, rezaba, para proseguir con tres lemas más: “El aborto: destruye la vida”, “Él tiene derecho a vivir” y “no arranques de ti la vida que brota de tus mismas entrañas…”.[2] Tras la discusión se me acercó uno de los presentes para aclararme que no debía yo hablar del aborto como un “derecho”, sino como una “elección”. Cualquiera pensaría tal corrección razonable; sin embargo, ya sabemos cuánta capacidad de elección tienen las mujeres que deciden acudir a un aborto contra la voluntad de la sociedad, la familia o la pareja. En Cuba el acceso al aborto legal, gratuito y seguro es un derecho de toda mujer fértil, sea cual sea su situación social. Pensarlo como un derecho de las mujeres suma contexto, pues la elección es previa a la decisión, y es individual. Y en cada caso proviene de circunstancias distintas. Cuando una mujer decide abortar, ya hizo su elección. El derecho es, por el contrario, un bien colectivo, para todas por igual; nos iguala a todas en el acceso a la salud. (más…)

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