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Aborto Legal, Seguro y Gratuito

ABORTO_cholacholais-e1506528033267-1030x687Queridas compañeras argentinas:

Apoyamos vuestra larga lucha por la conquista del aborto legal. Sigan peleando  y movilizándose en la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito. Cuentan con nuestro apoyo solidario.

¡Más libertad y dignidad para todxs las mujeres!

Asamblea Feminista (Cuba)

https://asambleafeminista.wordpress.com

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Luces para un desembarco: ¿fundamentalismo religioso en Cuba?

Por: Lirians Gordillo
Esta entrevista coral tiene cuerpo gracias a las declaraciones concedidas para el reportaje Feministas reaccionan frente a posturas conservadoras publicado por SEMlac Cuba. Comparto las respuestas de Zaida Capote Cruz, Ailynn Torres Santana y lxs integrantes del colectivo Nosotrxs Afibola Sifunola Umoja, Diarenis Calderon Tartabull y Nancy Cepero presintiendo que este eso solo el comienzo de un ¿debate?

Desde artículos digitales, campañas, post, redes sociales, videos y el púlpito se va propagando la crítica a la “ideología de género”. Son frecuentes frases como “el patriarcado no existe”, “es un atentado contra la familia y el diseño original”, “es un ataque y persecución religiosa”. ¿Qué lectura podemos hacer de estos discursos? ¿Cuáles pueden ser sus verdaderas intenciones?

ailynn-torres-800x640Ailynn Torres Santana: Lo primero es advertir que no estamos hablando de un asunto local. De hecho, en alguna medida, Cuba ha llegado tarde a este tipo de escenarios confrontativos entre denominaciones religiosas católicas, evangélicas, etc. y movimientos ciudadanos con inspiración feminista que integran una agenda de defensa de derechos sexuales y reproductivos, diversidades sexuales, luchas por la equidad. En países como México, Colombia, Perú, Brasil, Ecuador, Chile y varios de Centroamérica, este asunto ya tiene un recorrido de décadas, con mayor virulencia en la que está en curso.

En cada uno de esos países la escalada contra la “ideología de género” ha respondido a coyunturas específicas. Una parte de las veces –y eso es notable respecto a lo que está sucediendo en Cuba– ha aumentado la tensión en
coyunturas legislativas.

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Calibán, la bruja y la sinrazón del capital*

Por Zaida Capote Cruz

caliban-y-la-bruja-silvia-federici-500x500Si Michelet nos enamoró del enigma de la bruja, poetizando sus capacidades, y Fernando Ortiz nos hizo reír al equiparar el “sexo diabólico” descrito en los procesos judiciales con las prácticas anticonceptivas habituales, ahora Silvia Federici se asoma a la insondable injusticia de la caza de brujas para despoetizarla, para acercarla a nuestra comprensión como lo que definitivamente fue: un proceso de redistribución de la tierra y los bienes comunales; una política de expropiación que comenzó quitándole a las mujeres amplios espacios de convivencia y culminó en la expropiación de sus propios cuerpos, concebidos como bien económico y territorio de los otros. Digo “ahora” porque la edición en español de este libro magnífico –donde dialogan multitud de estudios previos sobre este y otros temas, en un descomunal acopio de información– apareció recientemente, aunque su edición original fuera de 2004.

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“Cubanas trabajando (a veinticuatro cuadros por segundo)”[1]

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Por Zaida Capote Cruz

En Retrato de Teresa (1979), de Pastor Vega, una madre alecciona a la hija, abrumada por los problemas conyugales: “Desde que el mundo es mundo el hombre es hombre y la mujer es mujer, mija, eso no puede cambiarlo ni Fidel”. Sin embargo, cuentan que muchas parejas de aquellos días salían del cine discutiendo, y que buena parte de las veces los hombres iban cabizbajos. El reconocimiento de la desigualdad en el filme avanzó argumentos y ejemplo para la discusión del asunto. Pero no era la primera vez ni sería la última que un tema de ese cariz tomaba las pantallas cubanas.[2]

En el tercer cuento de Lucía (1968) ya Humberto Solás había abordado con mucha fortuna la desigualdad en la pareja. En un baile comunal, un hombre invita a Lucía y el marido reacciona violentamente: “Para eso tú eres mi mujer… tú vas a ser pa mí namá; como yo quiero, coño”. Pero el entorno está en constante transformación, y el llamado de la realidad no cesa.[3] En una asamblea se anuncia que vienen los alfabetizadores.[4] Una miliciana cuenta sobre el rumor de que algunos “compañeros” andan diciendo que en su casa no va a entrar ningún “pepillito” y de ahí proviene el conflicto central de la película. A Tomás le molesta cualquier demostración de familiaridad (inevitable, por demás, en la enseñanza individual) y maltrata tanto a Lucía como al alfabetizador. La apelación a la condición de revolucionario como contraria al machismo es permanente en la película. La vecina miliciana usa para convencer a Tomás un argumento irrefutable: “Tú siempre has sido muy revolucionario. Esta es una medida del gobierno revolucionario. Si ella no aprende a leer va a ser víctima del imperialismo yanqui”.[5] El énfasis en que con el cambio social la condición de la mujer variará inevitablemente, y de que es responsabilidad colectiva el destino de cada individuo toma forma aquí (y en muchas otras películas del cine cubano) en la intervención de los vecinos, la familia o el sindicato en la relación de la pareja. Por eso uno de los personajes afirma: “ya la mujer no es la esclava del marío” y, aunque, como en el cuento, el último en enterarse ha sido él, los demás no dejarán de recordárselo.[6] Sin esa intervención externa, Lucía hubiera permanecido sojuzgada por el amor a su esposo, pero su vecina viene a pedirle que se vaya a trabajar a la granja, y uno de los argumentos clave de esa idea será el otorgamiento de casas nuevas, para el cualtendrán prioridad aquellas familias “donde trabajan el marido y la mujer”. Un catalizador importantísimo es, claro está, la llegada del alfabetizador (la personificación de la nueva política revolucionaria), quien le dice a Tomás: “Tú no tienes derecho a destruirle la vida a Lucía”, mientras a ella su amiga le aconseja: “No lo pienses más, Lucía, vete. […] Tú no puedes seguir aquí de criadita de Tomás”.[7] Es sintomático que, cuando decide marcharse, Lucía, hasta ayer analfabeta, deja un mensaje ¡escrito! Y ese acceso a la escritura (y a la lectura) es garantía de su libertad. Aun con errores y sin puntuación, su mensaje es clarísimo: “me boy yo no soi una esclaba”. Ya su tránsito a la libertad ha ocurrido, por eso luego aparece trabajando en la salina, con un saco al hombro. Cuando Tomás llega a buscarla, las mujeres lo enfrentan con un argumento que vuelve a acudir a la revolución como garantía del cambio: “Ella está cumpliendo con su deber”, le espetan, mientras la animan a escaparse. Lucía corre, alejándose de él, que la persigue entre tropezones. Habrá aun otro encuentro, presenciado por una atenta niña; pero cuando él intente la reconciliación en los antiguos términos, ella responderá: “Ya no te quiero, Tomás, ya no te quiero. Yo tengo que trabajar, Tomás”, y huirá de nuevo. (más…)

The New Yorker: Dulce María Loynaz en tiempos de fake news

Por Zaida Capote Cruz

Leer a Dulce María Loynaz con Celia Cruz de fondo debe ser un ejercicio arduo. Pero todo vale cuando se precisa hilvanar una historia falsa. La reseña publicada por Carina del Valle Schorske en The New Yorker (http://www.newyorker.com/books/page-turner/the-internal-exile-of-dulce-maria-loynaz) sobre la antología Absolute Solitude, traducida por James O’Connor y publicada por Penguin Books, ofrece un perfil de la poetisa cuyos lectores más asiduos apenas podrán reconocer.

Equiparando el exilio de Cruz con el “exilio interno” de Loynaz, la estudiante de la Universidad de Columbia va tejiendo una maraña de referencias espurias. Cada quien puede hacer florecer su creatividad hallando señales inéditas en un texto literario. Esa es la razón de la crítica. Ahora bien, decir que los Poemas sin nombre son textos políticos o que Loynaz “buscó el éxito con su primer libro” son afirmaciones más o menos vanas. Y desconocen, para empezar, la personalidad de Dulce María. Pero afirmar que estuvo presa en 1959, según un testimonio incomprobable, cuando la propia escritora ha contado en Fe de vida —de 1994, aunque escrito en 1978— sobre el registro que hizo la policía en su casa y no menciona prisión alguna, o afirmar que por su procedencia de clase y por no afiliarse al Partido Comunista fue considerada una traidora, es extremarse en la banalización. (más…)

Más centrista serás tú

Por: Zaida Capote Cruz

Se ha desatado una campaña mediática para tildar insistentemente de “centristas” a intelectuales cubanos que, víctimas de la penetración cultural, la labor de zapa de la CIA o de sus propias ambiciones (tales suelen ser, dicho pronto y mal, los argumentos), han expresado últimamente alguna crítica a la labor de gobierno o cualquier preocupación por el futuro de Cuba en términos ajenos a los de Granma o el Noticiero Nacional de Televisión.

Tal acusación intenta desautorizar la opinión de los aludidos (a veces directa, otras veladamente) y excluirlos del debate público sobre el destino de Cuba. Una y otra vez, a pesar de las múltiples convocatorias al debate, a pesar de la cada vez más perentoria necesidad de sumar tantas voces y brazos como sea posible, atiborran los medios y las redes con estos sahumerios de pureza que niegan toda opinión medianamente crítica sobre la realidad cubana. Tanta bravuconería intenta espantar el fantasma de la participación real de la gente en el destino de Cuba. (más…)

Jardín, una experiencia crítica

jardinMi edición crítica de Jardín. Novela lírica, de Dulce María Loynaz —un trabajo del cual me siento bastante satisfecha— se presentará en el Sábado del Libro el 24 de junio a las 11:00 am, en los portales del Museo de la Ciudad, en La Habana Vieja. Comparto aquí una parte de mi libro Loynacianas, de próxima aparición por la Editorial Extramuros, a propósito de esa experiencia.

Por: Zaida Capote Cruz

 Jardín, una experiencia crítica

¿Cómo enfrentar un texto como Jardín? ¿Quién necesita una edición crítica? ¿Qué clase de edición crítica? La verdad, aún no sabía cómo ni quién ni qué cuando decidí ocuparme de la novela. Todo lo que tenía entonces eran dudas. Hacía mucho soñaba con hacer una edición crítica o cuando menos anotada; pero los manuscritos de la novela habían sido donados por Dulce María Loynaz a Aldo Martínez Malo para el Centro Hermanos Loynaz de Pinar del Río. Y el mítico celo de Aldo con aquellos papeles, que gustaba de mostrar a la luz de una vela, misteriosamente, mientras leía algún fragmento ante los azorados ojos de sus invitados, parecía eternizar mi sueño. La primera vez que leí, a instancias de Enrique Saínz, la novela de Dulce María Loynaz no podía sospechar que alguna vez aquel sueño dejaría de ser una ilusión eterna. Una colega sabia, Rosa González, solía animarme, y la vida le dio la razón. Contra todo pronóstico, la oportunidad llegó cuando ya había dejado de esperarla y me ocupaba en otros temas.

Una tarde, Nuria Gregori, directora del Instituto de Literatura y Lingüística, donde trabajo, me pidió que fuera en representación suya al Ministerio de Cultura a discutir el destino de aquellos papeles otrora tan celosamente custodiados por Aldo y que tras su muerte su familia decidió ofrecer al estado cubano. En aquella sesión se decidió ejecutar cuanto antes la compra y mi sueño pudo renacer aun más saludable.

Meses más tarde, en el Museo de la Música, destino elegido por sus azarosos propietarios como depósito inicial, me ofrecí a catalogar el fondo en compañía de Roberto Núñez Jauma, archivero del Museo, y cada minuto trajo un descubrimiento. Allí estaba, para mi sorpresa, la copia mecanografiada de la traducción de Dulce María de Ella no responde, de Matilde Serao, que muchos daban por perdida, y había, además de fotografías familiares, álbumes de recortes y otros documentos de interés, los tan ansiados manuscritos de la única novela de Loynaz. (más…)

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