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Monthly Archives: enero 2017

Crónica tardía: Violencia contra la mujer en el 38 Festival del Nuevo Cine Latinoamericano de La Habana

Por: Zaida Capote Cruz

Varias de las películas programadas en la salas de La Habana en esta 38 edición del  Festival tratan el asunto de la violencia contra la mujer. Coherente con esa persistencia, el Festival incorporó, como cada año, los mensajes de la Campaña por la no violencia hacia la mujer (sic), esta vez más airosos que en ocasiones anteriores.

Filmes como el documental Tempestad, de Tatiana Huezo, o las ficciones La muerte de un viajante, de Ashgar Faradi, Acuarius, de Kleber Mendonça o La mujer del animal, de Víctor Gaviria, pusieron en pantalla la frecuente calidad del cuerpo femenino como rehén de deseos ajenos.

En Tempestad dos mexicanas enfrentan la violencia estructural que las convierte en víctimas con la complicidad de las autoridades: a una le secuestraron a su hija hace diez años; a la otra la acusaron sin pruebas y la recluyeron por varios meses en un penal manejado por el cártel del Golfo. De tono muy mesurado, el documental ofrece dos relatos superpuestos: la madre huérfana de su hija aparece en su día a día (trabaja como payasa en el circo familiar), acompañada por el resto de las mujeres de su familia; ella mira de frente a la cámara y denuncia cómo las autoridades impidieron que se movilizaran para intentar seguir las pistas posibles de los secuestradores. La otra testimoniante, cuyo nombre se dice al comienzo del film, no aparece nunca, salvo en una escena final que la muestra flotando en el agua de un cenote. Trabajadora del aeropuerto de Cancún, acusada de tráfico de personas, al llegar al penal de Matamoros se le informa que debe pagar una cuota de entrada y otra semanal si quiere mantener el privilegio de estar viva, pues el penal no se rige por las normas jurídicas de la federación, sino por las reglas dispuestas por los miembros del Cártel. Transcurrido el tiempo, un abogado llega a liberarla por falta de pruebas. Escuchamos la voz en off mientras vemos escenas del viaje de Matamoros, en Tamaulipas, al norte de México, hasta Tulum, Quintana Roo, en el sureste. Lo más desconcertante en ese viaje de regreso son los numerosos retenes militares, con barricadas y personal fuertemente equipado, que detienen la guagua e interrogan a los viajeros. Ahí la historia de la mujer secuestrada por el sistema penal cede el paso al testimonio de una realidad invadida por la violencia de estado, por la militarización del espacio público y por el acotamiento de la vida privada. (más…)

36 escritoras cubanas contra la violencia hacia la mujer

sombras-nada-masPresentación de la antología Sombras nada más.

Por: Zaida Capote Cruz

Hace un año justo un grupo de colegas llevamos a cabo una acción en el espacio virtual. Lanzamos una convocatoria pública para que en Cuba se aprobara una Ley contra la violencia. El detonador fue la carta que un escritor cubano enviara a otro, acusado de violentar a una mujer, en que hacía afirmaciones dolosas del tipo, “ya se reconciliarán y todo quedará en el olvido”.
Aunque nuestra declaración, Tod@scontralaviolencia, estuvo circulando algún tiempo, y consiguió firmas solidarias de muchas personas, y mujeres del grupo se reunieron con representantes de varias instituciones y organizaciones cubanas que podrían haberse implicado en la discusión pública que proponíamos, nada de eso tuvo lugar.[1]

En nuestro país el tema de la violencia contra la mujer es aún tabú, y pensarlo como un tema de discusión pública todavía parece una utopía demasiado irreal. Lo que ocurre, en cambio, cuando la prensa se refiere al tema, es que se ciñe, por un lado, al asunto del comportamiento personal (la causa es el machismo inoculado por la práctica cultural histórica) y, por el otro, a las vías de denuncia y enfrentamiento ya existentes (que han demostrado no ser idóneas en todos los casos). Nuestra propuesta de una ley específica sobre el tema propugnaba gestionar la violencia contra la mujer del mismo modo para cada víctima del mismo delito; tal como está organizado en este momento, sin embargo, el sistema de prevención y atención depende mucho de la gestión de la víctima o sus familiares, y muchas veces a aquella le es imposible pensar con claridad, buscar ayuda o salirse del ciclo de la violencia, tantas veces descrito. Por otro lado, permite que el lugar del agresor en la sociedad sea decisivo en que este pueda librarse o no de la condena. Pasa con este tema lo mismo que con otros pendientes de discusión y transformación: para las autoridades establecidas, aunque queda mucho por hacer, ya hemos hecho mucho más que otros en otros lados. Con semejante ritornello, sigue siendo imposible movilizar opiniones y cuerpos; cambiar las reglas del juego.

Reducir las causas de la violencia contra la mujer al machismo individual o colectivo en nuestra sociedad conlleva el reconocimiento implícito de que la solución es individual, subjetiva; lo mismo ocurre con las tareas de sensibilización, que suelen concebirse destinadas a la mentalidad individual, algo muy coherente con los nuevos tiempos en que el individualismo pareciera haber desplazado los proyectos colectivos. Emprender una discusión para la transformación social profunda desestabilizaría no solo la concepción de cada individuo, sino incluso conllevaría la evaluación de cómo está organizada nuestra sociedad, desde el espacio mínimo de la vida familiar o doméstica, hasta la escuela, el trabajo y las estructuras sociales. Una vez más, la ocasión que ofrecíamos se desestimó. Las estructuras existentes nos escucharon (seguramente incluso aprovecharon alguna de las ideas que compartimos) pero no ocurrió nada más. (más…)