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“El libro de Magín”*

Fundadoras de Magín reunidas en la presentación. Foto: Lirians Gordillo PiñaPor Sara Más

En un ejercicio de justicia y memoria reconfortante, asistimos hoy, finalmente, al momento de compartir la feliz publicación de este libro, porque hace ya mucho rato, como nos anuncia su título, es “Tiempo de contar esta historia”.

Fue en esta misma sala de Casa de las Américas, bajo la convocatoria del Programa de Estudios de la Mujer que coordina la doctora Luisa Campuzano, donde hace poco más de tres años asistimos al primer acto de rescate público de Magín, nombre con el cual más se conoce la que fuera, en la pasada década de los noventa en Cuba, la Asociación de Mujeres Comunicadoras.

Nada mejor entonces que volver, por derecho natural y compromiso, a este mismo espacio.

Quienes tuvimos la oportunidad de escuchar entonces, en 2012, las ponencias de Pilar Sá, Daisy Rubiera e Irene Esther, en una mesa moderada por Niurka Pérez para el Coloquio Internacional “Mujeres, circuitos de colaboración y asociacionismo en la cultura y la historia de la América Latina y el Caribe”, tuvimos apenas el anuncio de lo que sería este volumen: una historia de crecimiento humano narrada a muchas voces, por algunas de sus protagonistas.

Ya desde entonces –o quizás antes—se escuchaba hablar del “libro de Magín”, este texto modesto y amigable que por fin tenemos hoy a mano, de muy discreta e insuficiente tirada, pero lleno de simbolismo y grandeza. En sus páginas, 34 mujeres y un hombre de aquel grupo cuentan de la huella que les dejó ese tránsito que también les cambió la vida para siempre. Este, por sí solo, es un gran aporte que hacen desde el optimismo y el compromiso, sin rencores ni reservas, creativamente y con asertividad; otra gran lección que nos regalan en estas páginas.

Si no nos bastara con ello, el propio camino recorrido para llegar a la compilación de testimonios, impresión y publicación de este libro nos devela otra gran hazaña. Pareciera que estas mujeres, llamadas a vencer cualquier obstáculo, tuvieran que probarse como guerreras en todos los tiempos, me dije más de una vez cuando, pasados los meses, sabía de alguna nueva dificultad para que pudiera concretarse este otro “sueño maginero” de papel. Que esta historia se produjera y contara aquí, en esta isla, donde existió Magín entre 1993 y 1996, es también un empeño que debemos aplaudirles.

Ahora tenemos de nuevo con nosotras, en letra impresa, aquella agrupación que nació en uno de los años más duros de la crisis económica de los noventa y en solo tres de existencia reunió a mujeres y algunos hombres de las más variadas procedencias y formaciones profesionales para, entre complicidades y saberes, empezar a dar un vuelco a sus propias vidas y también a la comunicación, en su más amplio significado.

Fue “una experiencia excepcional”, al decir de una de las autoras, la escritora e historiadora Daisy Rubiera. Para ella, aquella iniciativa puso sobre la mesa de la agenda pública el concepto de género y, con él, los estereotipos sexistas, los roles y atributos sexuales, las brechas de género, el trabajo invisible, el feminismo y, sobre todo, la autoestima. Fue una experiencia que, en sus palabras, “iluminó espacios” y les permitió a ellas “captar las expresiones de estereotipos sexistas de la cultura patriarcal existente”.

Agradezcamos a las magineras que nos convidan hoy, nuevamente, a estar cerca de esta historia, aunque sea más de 20 años después. En lo personal les agradezco también haber encontrado, en muchas de ellas, un ímpetu admirable, continuas enseñanzas y las mejores fuentes y alianzas profesionales durante mi ejercicio periodístico. Como cuento en este prólogo, nunca estuve en una reunión o taller de Magín, aunque alguna vez me llegaron ecos y comentarios del grupo y sus reuniones. Pero, pasado el tiempo, cuando hurgaba en fuentes y estudios para nutrir notas y reportajes, empecé a encontrar esa visión transgresora y aguda, la que iba más allá de lo aparente, en un grupo de mujeres de diversas profesiones que hablaban con impulso y lenguaje renovados; entonces, detrás de sus análisis y propuestas, terminaba descubriendo que habían sido “magineras”.

Como toda historia inconclusa, queda mucho que contar, probablemente. Y quedan deseos de leer y saber más. Pero de seguro aquí encontraremos el espíritu esencial de aquel equipo amplio y plural, su osadía, el compromiso, los aprendizajes que las acercaron y unieron entonces, y que nos siguen convocando hoy.

* Palabras de presentación del libro, leídas por la autora en la Casa de las Américas, 3 de noviembre de 2015

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