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Hablando de activismo…más allá del deber

Por Lirians Gordillo Piña

Es muy difícil separar la periodista de la feminista, ambas me habitan. Pero la profesional y la activista (que quisiera ser) pactan y saben esperar. Por eso están aquí todas las respuestas de Maykel Vivero—autor del blog el Nictálope—a quien entrevisté para el reportaje Activismo LGBTQI, realidades para un término

Supe del Nictálope cuando circuló evidencias de la homofobia del Censo de Población y Viviendas Cuba 2012, desde entonces trato de seguir sus publicaciones. Periodista de profesión y activista a prueba de malas conexiones, incomprensiones y kilómetros (reside en el municipio Sagua de la provincia Villa Clara), Maykel Vivero persiste en el ejercicio de una ciudadanía libre de discriminación.

De manera general, creo que las feministas cubanas tenemos mucho que aprender del activismo LGBTIQ….Dejo para otro post mis propias respuestas en clave feminista. Por el momento espero que nos provoquen e inspiren las de Maykel.

¿Cuáles temas crees deban conformar la agenda del activismo LGBT en Cuba?

A veces perdemos la agenda mientras sopesamos las estrategias. El activismo LGBTI cubano, y de cualquier lugar, debe proponerse como fin último la igualdad social y la participación política de una minoría.

Ambos puntos remiten a un diálogo, a una negociación con el Poder.

Hacernos interlocutores atendibles, gente con voz, debe ser un empeño del activismo. Para conseguir la igualdad social, al menos formalmente, hay que proponerse el matrimonio igualitario, leyes que protejan de la discriminación, etc. Y para alcanzar este empeño, es indispensable construir espacios de participación. Acceder a la agenda de los medios. Adquirir personalidad asociativa. En este sentido, un activismo LGBTI responsable no puede conformarse con el ejercicio de libertades de asociación y expresión limitadas; está obligado a dar batalla también por esos derechos.

¿Cómo valoras el recorrido que ha hecho el activismo hasta hoy?

El activismo cubano ya tiene logros: el Código de Trabajo, por ejemplo, protege de la discriminación a gays y lesbianas. No a las personas trans. Celebro la ganancia, que parece histórica; lamento la ausencia. Y sobre todo, me preocupan los procedimientos que condujeron a la aprobación del código con esa ausencia.

Al activismo LGBTI en Cuba falla, precisamente, su capacidad de generar un espacio de diálogo efectivo con el Poder. Hay dos modelos de activismo vigentes: el de la institución que trata de asimilar símbolos caros al Poder y usarlos en provecho del activismo, y el de los pequeños grupos y personas a quienes no se reconoce carácter de activistas. Esta polaridad, además desbalanceada, limita la efectividad de nuestros empeños comunes.

Nadie sabe en qué gaveta guardan el anteproyecto de Código de Familia, que nadie ha visto y parece tarea más ardua. Este secuestro del código dura años y hay que asumirlo como un síntoma de incapacidad de los activismos para atraer la atención sobre las familias ignoradas por los esquemas jurídicos y simbólicos del Poder.

El activismo LGBTI es político o no es. Vi gente desfilar en La Habana y Santa Clara, ¿pero tenían una posición política? Todavía el activismo oficial habla de “sensibilización” en su discurso, y sin duda “sensibles” marchas se han dado durante varios años.

Ninguno de los modelos de activismos que poseemos en Cuba parece haber dado con la estrategia para hacer un lobby efectivo. La gran ganancia del camino transitado es que, al menos, la noción de activismo está arraigada.

¿Qué implica para ti, desde lo personal, el activismo LGBT?

Lirians, yo soy uno que casi ha enmudecido ante el no saber cómo continuar haciendo activismo. Para mí, el activismo LGBTI apenas emerge en Cuba, y no obstante, brota, a pesar de nuestros modelos mentales y políticos. He hecho activismo misionero, de calle y de parque. Me he propuesto un activismo afín al carácter libertario inherente a la naturaleza del movimiento LGBTI y he topado con la ausencia de un espacio propicio. Entonces, hay que construir ese espacio, a la vez que seguimos haciendo activismo. Ahí el activismo se convierte, felizmente esta vez, en arma de doble filo.

¿Crees ha impactado/afectado/incidido en la sociedad cubana?

La sociedad cubana sí ha sido influida por el activismo, pero aún no ha experimentado la sacudida. Se habla del respeto a la orientación sexual y a la identidad de género, pero todavía los derechos negados a la gente LGBTI no llegan a la discusión social. Ser homofóbico va convirtiéndose en antivalor gracias a la labor de numerosos activistas que han trabajado en colaboración con Cenesex. Los medios han hecho su parte. Pero todavía no se discuten las limitaciones para el ejercicio de una ciudadanía LGBTI.

¿Cómo vez la relación con otros movimientos sociales, específicamente con el feminismo en Cuba?

La empresa del feminismo es la nuestra, y viceversa. Yo soy feminista. Y estoy comprometido con los empeños de activistas sociales preocupados en Cuba por la pervivencia de prácticas discriminatorias por color de la piel. Tengo la convicción de que la zona problemática que ocupamos mujeres y trans, negros y negras, maricones y lesbianas, adquiere sentido periférico, de hogar nuestro y marginal en relación con la misma estructura de Poder.

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