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¿Y qué tú crees?

El Papa Francisco y Raúl Castro durante el viaje del pontífice a Cuba. Foto: Kaloian Santos Cabrera

El Papa Francisco y Raúl Castro durante el viaje del pontífice a Cuba. Foto: Kaloian Santos Cabrera

Por Lirians Gordillo Piña

El Papa Francisco es la máxima autoridad eclesial, el guía de la comunidad católica; Bergoglio se ha convertido en una figura política de amplia influencia; Pancho es un líder comunitario de profundo carisma. Todos conforman a una misma persona en el PRIMER PAPA LATINOAMERICANO. Por estos días Cuba ha experimentado la sencillez del primero, la espontaneidad y sagacidad del segundo y la sensibilidad del tercero.

La televisión nacional estatal ha dado amplia cobertura a las celebraciones religiosas y peregrinar del Papa por la isla. Cubavisión, el “canal de la familia cubana”, ha llevado los mensajes del Sumo Pontífice a toda la población, que incluye a personas que no profesamos ninguna religión y que constituimos nuestra fe de manera barroca, mestiza, dialéctica.

Francisco es reconocido como el Papa de la misericordia y a ella nos ha convocado continuamente. Y pienso que para hacer esa “misericordia” de carne y hueso, cotidiana y de calle como se ha mostrado Pancho, no puede convertirse en terreno exclusivo de lo “hegemónico-legítimo”.

Frente a las amplias muestras de receptividad popular que aparecen en nuestros medios comunicativos pienso que muchos cristianos, y no cristianos, se han conmovido con las palabras del papa latinoamericano y cada cual trazará su camino, sabrá qué muros derrumbar y qué futuro construir. Yo—que sueño a diario—espero que pronto:

  • Las personas transgénero sean acogidas en aquellas comunidades de fe de las que quieren formar parte.
  • Las familias apoyen la educación sexual de niñas, niños, adolescentes y jóvenes para que puedan soñar, construir y disfrutar a plenitud su sexualidad sin los costos de un embarazo adolescente, sin la sombra de la violencia.
  • Las personas que tengan vocación y aptitudes para el ejercicio pastoral—sin importar su orientación sexual y género— no encuentren obstáculos en sus respectivas comunidades religiosas.
  • La comunidad apoyará a una mujer víctima de violencia doméstica y dejará de ser ley el dicho popular “entre marido y mujer nadie se debe meter”.
  • Y así…muchos SUEÑOS-DERECHOS-JUSTICIAS más.

Frente a los jóvenes Francisco llamó a construir la “amistad social”, a ponernos en el lugar del otro, a encontrar lo que nos une para luego discutir las diferencias. La interpretación pública de estas palabras ha estado vinculada principalmente al contexto político tradicional, al diferendo Cuba-Estados Unidos, a la oposición capitalismo-socialismo. Y me alegro de que la convocatoria al diálogo, a los argumentos y a la comunión de un fin como “La Patria” vayan tomando las plazas públicas.

Para mí ese reconocimiento, ese diálogo y comunión social no pueden construirse desde una superioridad condescendiente sustentada en una jerarquía de género, raza, generación, escolaridad, creencia religiosa/o la ausencia de ella, cultura, etc. Creo en una comunión social que reconozca el valor y la igualdad de la dignidad humana, una unidad basada en el derecho a decidir y disentir. La “amistad social” debe acoger la diversidad, pero también reconocer la desigualdad, asumir superarla con valor, resarcir a las víctimas y asegurarse de que la historia no vuelva a repetirse.

En clave feminista—y humanista—se traduce en el derecho humano de las mujeres a decidir sobre su cuerpo, a vivir sin violencia, a desarrollar plenamente sus capacidades y liderazgo.  Y en las sociedades contemporáneas es responsabilidad del estado—como lo ha hecho el cubano—legislar para todas y sin la influencia de ninguna religión.

Me explico mejor. Francisco, Bergoglio, Pancho no solo habló desde, por y para la fe católica. Su mensaje tiene una trascendencia espiritual y política aún por aquilatar. Es por eso que yo opto por ser específica. Y por pensar también en quienes diseñan, aplican y re-generan la política nacional y su compromiso revolucionario de ganar “toda la justicia”.

Ojalá y ese llamado de servicio público sirva para que nuestros legisladores lleven a la luz el pospuesto anteproyecto de Código de Familia. Una ley que amplía y reconoce  los derechos de abuelas y abuelos, de la infancia y la adolescencia, que combate la injusticia de desamparar a parejas por el hecho de estar conformadas por personas del mismo sexo, entre otros adelantos.

Ojalá y la voluntad de eliminar la pobreza ponga en la brújula de la actualización del modelo económico cubano las investigaciones que hoy dan cuenta de la incongruencia de algunas medidas. Y se dé rostro al racismo que relega a las poblaciones más despojadas de recursos y capital económico.

POR SUERTE LOS SUEÑOS NO SON FEUDOS… Y CACHA ESCUCHA A TO@S

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