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Havanatur y la imagen de las mujeres

Anuncio HavanaturPor Zaida Capote Cruz

Un par de meses atrás, más o menos, iba cruzando 23 por la avenida G y me topé, en las vidrieras del restaurante Castillo de Jagua, con los anuncios habitualmente machistas de Cristal y Bucanero, las cervezas cubanas más consumidas. La de Cristal mostraba a una mujer emergiendo del agua como imagen refrescante que invitaba a lo mismo; la de Bucanero, según recuerdo, era la de la grotesca figura de un joven mulato empuñando una botella que apunta al trasero de un par de mujeres. De regreso en casa me senté a escribir, pero soy un poco lenta… y cuando volví a pasar por allí, ya los anuncios no estaban. En aquel comentario, que no llegamos a publicar aquí, me preguntaba por qué, además de la repetición de estereotipos machistas, esos anuncios podían permitirse la invasión del espacio público. Fueron retirados, pero nada obsta para que puedan colocarse de nuevo, allí o en otro sitio (muchos de los nuevos pequeños negocios utilizan toldos para cubrirse del sol, o afiches para adornar su espacio, que promocionan productos de cualquier tipo, con normas de comunicación varias). Al parecer, no existe regulación alguna para la reproducción de modelos ya caducos (o cuando menos detestables), ni sobre el empleo de la lengua, pues proliferan lugares donde un lumínico reza OPEN para avisar a todos que está ABIERTO. En fin, la pereza del estado cubano por regular las prácticas sociales de nuevo tipo (la implantación de nuevas relaciones de consumo y comerciales) con normas claras y justas para todos ha derivado en la improvisación libre y el desfiguro frecuente del espacio urbano y las relaciones interpersonales. Pero eso está a la vista.

Ahora bien, una amiga me trajo de regalo un volante de Havanatur, la empresa del Ministerio del Turismo que gestiona más ampliamente la oferta dentro de Cuba y, en exclusiva, como Havanatur Celimar, los viajes entre Cuba y los Estados Unidos. El volante fue parte de la papelería de un encuentro profesional, y anuncia a la citada empresa (sus oficinas de venta) con un par de imágenes casi parlantes…

En la primera, en tonos sepia y grises, hay una mujer atareada en la cocina. Al pie de la imagen, una frase inconclusa: “Tiempo para estar…” Del otro lado del volante se completa la frase y aparece el reverso de la imagen: una pareja en la arena, frente al mar, cuya foto se calza con “…donde quieras estar VERANEANDO”. No voy a decir que la mujer de la cocina es trigueña y la de la playa rubia, porque a lo mejor va y es la misma modelo, que se ve distinta; ni a insistir en el asunto de la diversidad racial cubana, porque de tratarse de mujeres negras pasaría exactamente lo mismo: la cubana que aparece aquí, como en tantas ocasiones similares, no dista mucho de la mujer sometida a la esclavitud (aunque sea por amor, vaya) en el ámbito familiar. Y una fantasea: A ver, ¿por qué no puede ser un hombre el que está revolviendo la olla, abrumado por el día a día familiar?… ¿Por qué en la cocina no están las dos personas que luego van a la playa? ¿Por qué el trabajo doméstico sigue siendo patrimonio simbólico de las mujeres? ¿Por qué siempre parece la mujer una esclava o una compañía amable para el hombre que paga? ¿Por qué, precisamente en Cuba, proliferan estas imágenes complacientes con la visión más tradicional de la familia y la sociedad? Bueno, cabe la sospecha de que no se trata solo de falta de sabiduría comercial entre quienes diseñaron el volante; el asunto es más grave, las mujeres seguimos siendo consideradas seres de segunda, por mucho que se diga que las cosas cambiaron. Claro que cambiaron, y mucho, pero el hecho es que todavía anuncios como este o imágenes complacientes (o denigrantes) parecen afincarse en esos estereotipos que deberíamos estar haciendo a un lado con energía. ¿Por qué insistir en esas mujeres que, si no son hadas del hogar, son objeto del deseo ajeno?

Anuncian en el noticiero de la televisión que hoy se presentó una cartilla guía para la comunicación con igualdad de género. La presentación del material, financiado por el PNUD, se hizo en la sede de la FMC. Viendo la noticia, pensaba en cuál es nuestro problema. Quizás nuestro problema sea que presentaciones y materiales como esos no pasan de ser una noticia en la televisión; o un texto que no traspasa el circuito habitual de circulación de tales declaraciones, las aulas universitarias, las cátedras de la mujer, ciertos espacios profesionales. Esos espacios donde todo el mundo está de acuerdo. Pero la FMC podría proponer y promover, basándose en las ideas ahí expuestas, una ley para la comunicación con igualdad de género, y contribuir a que tales conocimientos fueran tema de discusión pública y debate parlamentario; sin embargo, tenemos que conformarnos con recibir de aquí a unos días el material, cuya vida útil terminará por ser mucho más restringida de lo que lo urgente de su tema hace desear. Ya veremos cómo, a pesar de esa publicación, seguirán proliferando ejemplos de malas prácticas o como sea que se llame ese relegarnos cada vez a esos espacios tradicionales, donde la libertad o la felicidad de la mujer resultan a menudo dependientes de la voluntad ajena.

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2 comentarios

  1. Excelente nota. Y de verdad, como es posible que a tantos años de revolución, este sigue siendo un asunto secundario?

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  2. […] mediática. En noviembre de 2015, la crítica literaria Zaida Capote Cruz publicó el postHavanatur y la imagen de las mujeres en el blog colectivo Asamblea Feminista.  La activista propone un análisis de anuncios sexistas, […]

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