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El libro de MAGIN

Por Zaida Capote Cruz

Hace un par de días una amiga me regaló MAGIN. Tiempo de contar esta historia, de Daisy Rubiera y Sonnia Moro.1 Es grande la alegría de ver por fin el libro hecho, palpable. Un par de meses atrás visité a Mirta Rodríguez Calderón, mi vínculo primero (y el más sólido, a través de los años) con MAGIN, y me contó del libro, me ofreció una copia digital para poner un fragmento en esta página, pero no lo pude copiar aquella tarde y luego no encontré el tiempo para volver a verla.

Una de las sesiones del encuentro sobre circuitos de colaboración y asociacionismo de mujeres en la América Latina y el Caribe,2 celebrado por el Programa de Estudios de la Mujer de la Casa de las Américas en el 2012, incluyó un ejercicio público de remembranza de aquella experiencia, que ahora nos llega diversificada y única (casi idéntica) en las voces de sus protagonistas. Distinta porque cada quien cuenta su experiencia como la vivió, única, porque para todas vino a significar lo mismo, un asidero profesional y emocional en años muy difíciles, una semilla de inspiración para el trabajo y para la vida que todavía hoy las acompaña y las junta.

Tuve noticias de MAGIN por Mirta, claro, que me llamó una tarde a mi casa para pedirme que impartiera un taller sobre sexismo en el lenguaje. Yo acababa de salir del PIEM,3 en El Colegio de México, y estaba bastante al día en esos temas; así que acepté casi sin pensar. Fue una linda experiencia, porque comenzamos a hablar sobre la lengua y terminamos hablando de todo, y el clima era magnífico para el intercambio y la discusión (recuerdo que en algún momento asomaron diferencias generacionales, por ejemplo). Aquella fue mi primera vez en MAGIN, creo que en la Facultad de Periodismo, aunque no estoy muy segura. Pero ubico ese recuerdo allí porque, de regreso a mi casa, con el pago por el taller en el bolsillo, pasé por el parque Víctor Hugo, en 21 y H, y compré ¡una cazuela!!! En eso se fue el primer pago más o menos formal que conseguí por divulgar algo de mi conocimiento sobre sexismo en el lenguaje. Todavía no me repongo del simbolismo de mi decisión.

Luego siguieron los encuentros en la sede de la ACNU, en J y 25, y un taller bellísimo en la UNEAC, con apoyo de la UNICEF, donde nos alimentamos cuerpo y pensamiento (yo estaba embarazada y todavía le cuento a mi hijo el tesoro que fue, en pleno 1994, merendar con leche fresca en aquellas sesiones donde se hablaba de la brecha de género y otros temas) y pudimos compartir experiencia y saberes, y vernos las caras, reconociéndonos, y repartir cariño para salir más fuertes.

En 1995 di a luz y anduve averiguando por mí misma cómo es ser madre en Cuba. Cuando empecé a recuperarme del aislamiento involuntario de esos meses no había noticia que valiera la pena escuchar: Carmen María Acosta estaba enferma, MAGIN había sido “desactivado”. Quienes así lo pretendían, sin embargo, no lograron “desactivar” nada, MAGIN ha pervivido informalmente, a pesar de la profunda herida causada por la desconfianza de quienes debían haberla apoyado, como la Federación de Mujeres Cubanas, el Partido Comunista de Cuba y otras instancias de gobierno. Las magineras, todavía desconcertadas por aquella experiencia, nos enseñaron que cuando no se puede tener una sede formal ni se cuenta con el apoyo merecido, hay que improvisar, sin dejarse anular por los contratiempos, vengan de donde vengan.

Los testimonios reunidos en este libro por Daisy Rubiera y Sonnia Moro —nueva reunión de magineras donde, por supuesto, puede entrar cualquiera— son una lección: no hay que dejarse apabullar, hay que tener claro qué queremos y, como lo demuestran las compañeras de MAGIN, que han parido este libro con dolor y alegría, seguir trabajando para que nadie olvide quiénes son, quiénes somos.

1 Daisy Rubiera y Sonnia Moro, MAGIN, Asociación de Mujeres Comunicadoras: Tiempo de contar esta historia. La Habana, Ediciones MAGIN, 2015, 151 pp.

2 Luisa Campuzano, compiladora, Asociacionismo y redes de mujeres latinoamericanas y caribeñas. La Habana, Casa de las Américas (Cuadernos Casa), 2014.

3 Siglas del Programa Interdisciplinario de Estudios de la Mujer, que fundó y dirigía entonces Elena Urrutia.

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2 comentarios

  1. MAGIN fue, y sigue siendo, uno de los grandes logros de la mujer cubana en su lucha por hacer conocer un analisis de génaro de la sociedad. Contra viento y marea (lease, burdos intentos oficialistas de silenciarlas), esas mujeres brillantes, creativas y de mucho coraje lograron una toma de conciencia que faltaba. Recuerdo la década de los noventa, cuando yo llevaba grupos de mujeres estadounidenses a la Isla. Siempre pasabamos unas horas en el apartamento de Mirta en platica con las magineras. Fueron noches memorables. Espero pronto poder ver el libro!

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