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Ser (madre) o no ser: ¿es esa la verdadera cuestión?

Cortesía de Randy Rodríguez PagésPor Mayra Pombo García

Como sabemos, ser esposa y madre, antaño, eran los únicos destinos posibles de la mujer. El feminismo, además de cuestionar ambas aserciones, desliga la una de la otra. Al menos en teoría, ya las mujeres no tenemos que elegir entre maternidad y profesión, aunque ello suponga un esfuerzo mayor.

Este tema se ha estudiado ampliamente y se han buscado nuevos enfoques al considerar que ahí se encuentra el origen de la dominación masculina y la idealización de la maternidad como impulso irresistible y vínculo intrínseco de las mujeres. Dicha idealización se ha representando históricamente de disímiles maneras y en todas las esferas: en el arte, en la filosofía, e incluso en la intimidad cotidiana del hogar.

“…estas tesis, que sin duda tienen aspectos positivos, entrañan el peligro de volver a constituir las esferas, cerrar los mundos, ocultar una parte de la realidad. En definitiva, lo impor­tante es que cada mujer pueda tomar la decisión de ser madre o no serlo una vez conocidos y examinados los pros y los contras…”.[1]

La imagen de la maternidad da vuelta en nuestras cabezas a lo largo de nuestras vidas, desde pequeñas se nos prepara para la crianza de los hijos y nuestros padres, familiares y amigos empiezan a preguntar una y otra vez que para cuándo tendremos descendencia, sobre todo si tenemos más de 25 o 26 años. El tema es que, en ocasiones, el deseo de ser madre, o el (mal) llamado “instinto maternal”, no se percibe. Entonces nos inquietamos con la idea de llegar tarde o de arrepentirnos por no haber tomado la decisión “correcta” en el momento “adecuado”. Sin embargo, nadie nos habla de los dolores físicos pre y post parto, del estado de los pezones, de las consecuencias psicológicas y sociales para la madre y un largo etcétera que no se menciona. Se supone que la idealización de la maternidad, atribuida a todas las mujeres, multiplique por cero los efectos negativos de la procreación.

Si eres casada, con frecuencia te presionarán para tener hijos; si eres soltera lo serás doblemente, primero para que te cases, luego para que tengas descendencia.

Recuerda Simone de Beauvoir que esos cuestionamientos nunca se los hicieron a Jean-Paul Sartre. Cuando estaban casados siempre se lo preguntaban a ella, a lo que ella respondía que no tenía tiempo. “…es verdad que esta­ba muy ocupada con mi carrera universitaria, que me absorbía mucho tiempo, con mis compromisos políticos o feministas, y que sentía unas grandísimas ansias de libertad, de aprender, de hacer mil cosas. Por eso pensaba y sostenía que sería bueno ser madre a los cuarenta, cuando se suponía que ya habría encon­trado un lugar en el mundo, habría madurado y podría dedi­carme a mi hija… ¿Traer un hijo a este mundo? Temía sufrir con el sufrimiento de mis posibles hijos o hijas… A veces me he sentido, o me han hecho sentir, egoísta; a veces sanamen­te envidiada; y creo que raramente compadecida. Pero lo cierto es que admiro mucho a las madres que conozco y en algunos momentos las envidio, aunque sinceramente solo en determina­dos momentos. Por otra parte, he tenido la suerte de ver crecer muy de cerca a mis estupendos sobrinos y sobrinas. Y cuando ahora me repiten la típica pregunta, contesto que también está abierto el camino de la adopción…”.[2]

Las causas que motivan que una mujer alcance la madurez sin haber sido madre son múltiples y complejas y resultan, en última instancia, una mezcla de oportunidad y elección. En ambos casos, la mujer nunca se librará de un mirada juzgadora, acusante, no escapará de aquella idea que aún hoy se sigue reproduciendo como la más excelsa realización del ser mujer. Y si la decisión es no tener hijos, ¿realmente seremos “menos mujeres” por ello?

Sobre la no-maternidad

La elección de no procrear, tanto como la de hacerlo, debe ser una opción real para un amplio sector de la población, debe considerarse como una posibilidad también viable en tanto decisiones de vida. Desde la década del 60 contamos con métodos anticonceptivos múltiples. Existen grupos y movimientos sociales que defienden este derecho como Sin Hijos por Elección (Child Less by Choice), The National Organization for Non-Parents (19721982) en Estados Unidos, No Kidding International, fundada en 1984 –en Canadá, Estados Unidos y otros países– y Kidding Aside, fundada en 2000 en Gran Bretaña, por citar algunos.

Por su parte, Daphne De Marneffe, dentro de la tercera ola del feminismo, entiende que la nulípara (mujer sin hijos o sin hijos por elección) no puede considerarse en una posición superior o más feminista que las mujeres que deciden tener hijos. Para De Marneffe el tema de la maternidad en la sociedad contemporánea así como la continua alusión al “deseo materno” y el placer de la maternidad son grandes asuntos de carácter feminista.[3]

Siguiendo esta misma ideología, la filósofa francesa Élisabeth Badinter,[4] quien investigara sobre el papel de la mujer en la sociedad, opina que una mujer puede ser muy feliz y consagrarse a otra cosa que no sea a un hijo. Además, opina que es ridículo pensar que una mujer está hecha para ser madre y cuestiona la “naturaleza” del amor maternal.[5] De hecho, puede que algunas se arrepientan de haber tenido hijos, pero no pueden decirlo: “…existe tal presión para ser madre que hay que ser muy fuerte para decir no. La mayoría de las mujeres que van a tener un hijo tienen la ilusión de que sea perfecto, pero nunca es el caso”.[6]

Con respecto al instinto maternal, al decir de Badinter, constituye una aberración que hay que dejar a la hembra animal: se ocupa de ellos cuando tiene leche y después los ignora. Pero ser madre no es algo instintivo. El cariño por un hijo crece con el día a día. La mayoría de las mujeres hacen todo lo posible por ser buenas madres.

Entonces, debemos abogar por el libre derecho a elección independiente relativo a este asunto. Cada mujer debe sentirse autónoma y responsable de sus decisiones tanto en este como en otros apartados a la hora de tomar las riendas de su vida, de saber quién es y qué desea para ella misma. Las que renuncian a ello, han hecho el cálculo entre el placer y las dificultades de ser madre. Han tenido en cuenta los compromisos, los problemas a los que no se sentían capaces de hacer frente, lo que demuestra una gran responsabilidad y madurez al renunciar a ser madre cuando no se desea serlo. En conclusión, dejémoslas en paz, más respetar y menos juzgar.

Notas:

[1] Carmen Alborch: Solas. Ediciones Temas de Hoy, S. A. (T. H.), Madrid, 1999.

[2] Palabras de Simone de Beauvoir reflejadas en Carmen Alborch: Solas Ediciones Temas de Hoy, S. A. (T. H.), 1999 Paseo de la Castellana, 28. 28046 Madrid.

[3] Daphne De Marneffe: “Maternal Desire: On Children, Love, and the Inner Life”, Back Bay Books/Little, Brown, and Company, 2005.

[4] Francia (1944-). Escritora, historiadora y profesora de filosofía del Instituto Politécnico de París. Líder en referencia del feminismo francés.

http://www.cadenaser.com/sociedad/articulo/elisabeth-badinter-maternidad-nueva-forma-esclavitud/csrcsrpor/20110501csrcsrsoc_4/Tes

[5] Badinter, Elisabeth, ¿Existe el amor maternal? Barcelona, Paidós, 1999.

[6] Revista femenina online enfemenino.com (http://www.enfemenino.com/vida-personal-profesional/renunciar-a-la-maternidad-d1814c47311.html)

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