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¿Esquizofrenia femenina? Reflexión sobre las autoras de la Feria del Libro de La Habana de 2015

Nancy Alonso durante la presentación de "Damas de social"

Nancy Alonso durante la presentación de “Damas de social”

Por Sophie M. Lavoie*

Tuve el gran placer de asistir a varias presentaciones de libros en la Feria del Libro de La Habana. Como sobre el tema de las escritoras asistí a muchas presentaciones de libros de escritoras cubanas. Fueron lindos eventos, llenos de cariño, donde se sentía una sororidad entre las mujeres que participaban. Sin embargo, al igual que en muchos países, me di cuenta de que en Cuba, la palabra “feminista” sigue siendo problemática, a pesar de la Revolución.

El primer evento fue el lanzamiento de Damas de Social: Intelectuales cubanas en la revista Social (Ediciones Boloña), recompilado por las escritoras e investigadoras Nancy Alonso y Mirta Yáñez. Este libro es el resultado de una indagación feminista que proviene de la primera oleada del movimiento feminista en la crítica literaria, es decir, el rescate de las (pocas) mujeres que participaban en el empeño literario e intelectual en épocas (¿ya lejanas?) cuando dominaban los hombres en el área literaria. En el mundo entero se sigue haciendo esta labor de rescatar escritoras del olvido, en algunos países la tarea se ha adelantado mucho más que en otras, pero es una tarea que solo empezó en los últimos cuarenta años. Gracias a esa empresa feminista, nos llegaron los textos de Sor Juana Inés de la Cruz, la monja mexicana, por ejemplo. Fueron mujeres académicas (cuando llegaron, por fin, a las universidades) las que exploraron los archivos para buscar a sus precursoras. 

¿La revista Social de principios del siglo veinte publicaba también a muchas mujeres escritoras? Bueno, no. Hubo un número especial segregado “sólo para señoras” en 1919 y de vez en cuando salía un escrito de mujeres. Alonso y Yáñez investigaron en los archivos de la famosa revista y encontraron a varias mujeres que fueron publicadas, de las cuales eligieron 25 cubanas y 3 “cubanas honorarias” para hacer un volumen. Aunque algunas de las mujeres que encontraron publicadas en la revista fueron “conocidas” y tuvieron reconocimiento en el país (Gertrudis Gómez de Avellaneda, por ejemplo), las mayoría se quedó en las sombras, aunque hubieran escrito unos textos preciosos. El libro se dedica a todas ellas: “que, con su esfuerzo, han ido allanando el sendero contra la marginación y la injusticia de la desigualdad de la mujer.”

En la presentación del libro que tuvo lugar frente al antiguo Palacio de los Capitanes Generales, Nancy Alonso dijo: “somos feministas, lo confesamos.” ¿Quién lo hubiera dudado con este tipo de libro? Se confiesan los pecados y, que yo sepa, ser feminista no es ningún pecado, ¿o lo es? La hesitación de Alonso en “confesar” su estatuto de “feminista,” se reproduce en el hecho de que haya sido un hombre, Rolando López de Amo, el que presentara el libro. No podía ser una presentación de solo mujeres, parece, porque, bueno, excluir a los varones es algo que no se suele hacer y eso a pesar de siglos y siglos de exclusión de la mujer del ámbito público. Pero hay una pequeña contradicción, ya que ningún hombre participó a la elaboración de este libro. “Las damas y las damiselas” como se nombró a las 56 escritoras veteranas y contemporáneas que participaron en el libro con textos sobre sus antepasadas, son mujeres, las recopiladoras, mujeres, la diseñadora, mujer, la responsable de la edición, mujer.

Parece que tuvo que intervenir la diosa creadora, Ochún o la madre tierra, mandándole un catarro a Rolando López de Amo, quién le otorgó a su cónyuge el placer de leer su texto. Me gusta mucho especular que se sintió extraño, como varón, presentando este libro feminista y que decidió por eso pedirle a su esposa que leyera el texto. Pero no, no fue así. Alonso le reveló al público que le pidieron a Rolando López de Amo presentar el texto porque “supi[eron] que no [era] machista.” Desgraciadamente, no compartió con el público asistente los criterios usados para medir y evaluar el grado de machismo del señor.

 

La segunda presentación que quiero comentar fue la presentación de  La violencia del silencio, de la periodista cubana radicada en México, Teresa Valdés Betancourt, presentado por Gladys Egües. El libro de Teresa Valdés fue publicado gracias a la ayuda del Instituto Colimense de las Mujeres (Colima, México). Este tipo de institución también viene de la primera oleada del movimiento feminista, es decir, las agrupaciones solo de mujeres quienes se dieron cuenta de que, aunque ya estaban logrando entrar a los círculos tradicionalmente varoniles, como su voz era minoritaria, no tenía el mismo peso. Prefirieron construir sus propios institutos, asociaciones, clubes, etc. Si todos gozáramos de igualdad, ¿por qué tendríamos la necesidad de la Federación de Mujeres Cubanas?

 

Presentación de "Damas de Social" en la calle de madera de la Habana Vieja.

Presentación de “Damas de Social” en la calle de madera de la Habana Vieja.

En este caso, la ponente Gladys Egües estableció inmediatamente en su (extensa) presentación: “no voy a hablar del feminismo en Cuba.” Pero, claro,  dado que el libro de Teresa Valdés es una recopilación de textos feministas escritos en un periódico mexicano, tuvo que indagar en el tema, pero ya sin la palabra problemática. Señaló que: “aun tenemos grandes contradicciones a pesar de todo” y “en nuestro país, se va imponiendo cada día más que el trabajo del hogar sea menos el trabajo invisibilizado de la mujer.” ¿Hablar de la situación de la mujer en el país no es hablar de feminismo?

 

Valdés, que hizo una maestría sobre la mujer en los medios de comunicación masiva, empezó su presentación diciendo: “estamos luchando contra siglos de comportamientos varoniles en el dominio del espacio publico.” Tiene un texto impresionante en el que explica como buscar palabras para mejorar el lenguaje sexista porque considera que “con una gota de agua todos los días en el cemento, se hace un hueco en el cimiento.” El trabajo de Valdés también se inscribe dentro de la faena feminista al cuestionar el sexismo inherente del lenguaje, sobre todo el castellano que tiene bien definido el género de casi todas las palabras, como si una guagua necesitara ser “femenina” y un almendrón, “masculino.”

 

La última presentación que comentaremos es la presentación de las nuevas obras de las escritoras de Ediciones Unión, que tuvo lugar el día 16 de febrero en la sala Alejo Carpentier de La Cabaña (de hecho, ¿no hay ninguna sala con nombre de mujer?).

 

No sé quién tomó la decisión de tener dos mesas de lanzamientos, una de hombres y otra de mujeres, pero me pareció bastante curioso. ¿Ediciones Unión? ¿Los administradores de la Feria? ¿Las propias escritoras? Quizás es porque, como dijo Pedro Juan Gutiérrez (¡vaya contradicción, el único varón en una mesa de mujeres!) sobre Los signos conjeturales, la obra de Marilyn Bobes, la escritura de mujeres es “un suave aleteo de sus alas sobre el papel.” De hecho, aunque la presentación de Gutiérrez fue muy linda, lo que es implícito en su cita es que la escritura de mujeres no tiene el mismo peso que la de los varones.

 

Pero, eso no es lo que quería comentar, ya que estoy hablando de la calumniada palabra “feminismo”.  Aquí apareció también. Era una mesa dominada por mujeres: María Elena Llana presentada por Mirta Yáñez, Ana Lydia Vega Serova también presentada por una mujer, Marilyn Bobes, la última en hablar fue una escritora de Ciego de Ávila, Carmen Hernández Peña, también presentada por una mujer.

 

Las demás escritoras de la mesa han claramente explorado temas feministas en sus obras o en sus vidas. María Elena Llana es la primera mujer cubana que escribe ciencia ficción, Mirta Yáñez se encargó de reunir la primera compilación de textos de mujeres, Estatuas de sal (1996). Cuando, finalmente, le dieron la palabra a Hernández Peña, sintió la necesidad de anunciar: “no es nada feminista este libro.” ¿Qué? ¿Estaba consciente de participar en una mesa de mujeres escritoras? Acababa de revelar que todos los personajes eran mujeres. Otra de las labores feministas es que las propias mujeres cuenten sus propias historias para que no seamos subordinadas a los escritores. ¿Qué hubiera pasado si Cecilia Valdés hubiera escrito su propia historia? Los cuentos de esta escritora avileña Hernández Peña participan, solo por existir, de una oleada de escritura de mujeres que antes, ni hubiera podido publicarse.

 

Que conste que sí se está haciendo mucho para promover la escritura de las mujeres y la presencia de las mujeres en Cuba. Sería necesario un estudio para averiguar del aumento de la presencia de la mujer escritora en las editoriales cubanas desde la revolución (o quizás existe ya). Un estudio cuantitativo (rápido e incompleto) del programa de la Feria 2015 revela que para cada 4 autores varones hay una mujer. Por eso, las escritoras cubanas que tienen miedo de la palabra feminismo y su adjetivo, o que sienten una relación ambigua o esquizofrénica con estas palabras, tienen que recordar que existen gracias al feminismo y que están incrementando el corpus de mujeres escritoras y personajes de la literatura cubana. No hemos conseguido todo lo que podemos o queremos lograr, como estas presentaciones de libros lo revelan.

* Profesora e investigadora de University of New Brunswick, Fredericton, Canadá.

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