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Denken, Pensée, Thought, Myśl… en la Feria del Libro de La Habana*

DENKEN VOL 1 CUBIERTA reducPor Zaida Capote Cruz

Quiero agradecer a Desiderio. No solo por haberme invitado hoy a presentar para ustedes estos volúmenes de su recopilación del pensamiento sobre la cultura, sino también por haber decidido incluir en ella textos sobre temas afines al feminismo. Es una deuda que nuestras publicaciones, nuestros espacios culturales, deben saldar, y el Centro Teórico-Cultural Criterios, siempre en primera línea en la labor intelectual, ha comenzado a hacerlo con altura.

En los volúmenes de Denken, Pensée… que presentamos hoy se incluyen seis textos (traducidos por Desiderio Navarro y Rinaldo Acosta) cuyo vínculo con estos temas es bastante amplio y disímil: uno que, cuando se publicó en 2006 nació destinado a convertirse en clásico: “Yo no soy feminista, pero… Cómo ‘feminismo’ se convirtió en la palabra impronunciable”, de Toril Moi, que aborda los conflictos del feminismo para mantener su participación en el diálogo sobre la sociedad actual. Otro de Hanna Skierczynska sobre “La posición de las mujeres en la doctrina social de la Iglesia Católica” ; otro sobre “Las concepciones feministas en la historia del pensamiento cinematográfico”, de Alicja Helman; uno sobre los servicios de prostitutas acompañantes, “Burdeles sin paredes”, de Sheila Jeffreys; otro sobre las mutaciones del feminismo en la postmodernidad, “Del feminismo (de la tercera ola) y el Postmoderno”, de Denisa-Adriana Oprea y, finalmente, uno sobre “El sexismo en la literatura para niños”, de Gemma Lluch.

Como se ve, todos tratan asuntos distintos, pero confluyen en la preocupación por el lugar de la mujer en la sociedad, eso que solíamos llamar “la condición social de la mujer”: ¿cómo se han ido formulando, a través de la historia, las definiciones que hacen de una mujer lo que es? ¿cuáles son las razones históricas de la “depreciación” del término (y la práctica) feminista? ¿qué vías se han implementado para combatir el sexismo en la enseñanza infantil? ¿cuáles son las propuestas para regular la prostitución en las condiciones actuales? ¿cómo se representa a las mujeres en la literatura? ¿en qué lugar las concibe la Iglesia? ¿y cuál Iglesia? ¿qué conflictos plantea la creación cinematográfica para las mujeres? ¿y para las espectadoras? ¿es posible revertir, controlar, intervenir de algún modo en el curso de esas realidades? Por lo pronto, debemos informarnos. Y esta selección nos ofrece un panorama muy valioso sobre algunas de las preocupaciones más acuciantes de las teóricas feministas de nuestro tiempo.

Voy a empezar por el final, el más recientemente publicado por vía digital. “El sexismo en la literatura para niños”, de Gemma Lluch, da cuenta de cómo se ha trabajado en la búsqueda de una literatura que utilice recursos de promoción de igualdad. La autora se centra en las políticas asumidas por la Comunidad Valenciana, en España, y hace un recuento de cómo, a partir de las recomendaciones dictadas por la UNESCO para evitar el sexismo en el lenguaje, la labor institucional y académica de varias universidades y centros de investigación han puesto de manifiesto lo que ya sabemos: que en la literatura popular tradicional el papel de las mujeres suele ser pasivo; sus labores, domésticas y su destino, la maternidad o el amor. Algo también perceptible en la literatura infantil que suele usarse con fines pedagógicos. La autora aporta una serie de cifras estadísticas, cita estudios y hace un recuento de cómo ha lidiado España con esos temas. Sorprende, por ejemplo, hallar que solo desde 1985 todas las escuelas públicas son mixtas, algo impensable para nosotros. Pero también sorprende que el Consejo de Ministros de la Comunidad Europea legisle a favor de la eliminación de los estereotipos y que grupos de maestros tomen en sus manos la redacción de una guía para la educación no sexista y proclamen como su objetivo “la desintoxicación androcéntrica” de los textos escolares. O que haya proyectos de reescritura de los clásicos; series donde se privilegie el protagonismo femenino o se propongan nuevos modelos de feminidad. La autora consigna también en este capítulo de su libro El lector modelo en la narrativa para niños y jóvenes las protestas de quienes no comprenden tanto afán y tildan de censores a quienes pretenden cambiar las cosas. Como experiencia en el trabajo cultural es interesante, sobre todo porque ofrece vías para nuestro trabajo futuro.

En “Burdeles sin paredes”, Sheila Jeffreys expone cómo ha ido variando la práctica de la prostitución y sus regulaciones y cuánto ha cambiado el paisaje con el crecimiento de los servicios de acompañantes en Australia, Nueva Zelanda y los Países Bajos. Las regulaciones propuestas para la legalización, concebidas para sitios estables (el burdel convencional) quedan en suspenso en sociedades donde la prostitución se hace cada vez más difícil de rastrear, pues se ejerce por contactos telefónicos que establecen dónde debe esperar o hacia dónde debe ir la prostituta. La autora se refiere al dilema que ofrece el uso, bastante difundido en la academia, de términos tales como “trabajadoras del sexo” (en otros casos, sexoservidoras) y la concepción de que la prostitución es un trabajo más y una industria de servicios. Por su parte, elige hablar de “mujeres prostituidas” y “prostituidores”, en referencia a la responsabilidad de estos y a lo pernicioso de la práctica para la salud física y mental de las mujeres involucradas; como aclara, y concuerdo con ella, lo que se vende no es “un servicio”, es el cuerpo y la salud de una persona. Para explicarse, hace un recuento interesantísimo de cuánto ha variado la perspectiva sobre el problema. Fue en los 80 cuando comenzó a imponerse la idea de que la prostitución era una industria más que debía legalizarse (esto es, establecerse normas claras por parte del estado) en lugar de abolirse. En la práctica, ninguno de los países estudiados adoptó la despenalización pura, y eso demuestra, para la autora, cómo no puede separarse la prostitución de prácticas ilegales como el crimen organizado, el tráfico de personas, la prostitución infantil, etc. Entre las feministas, difieren las posiciones: las abolicionistas defienden que la prostitución es una forma de violencia masculina y han conseguido que en Suecia, por ejemplo, las mujeres prostituidas sean despenalizadas y los compradores masculinos, penalizados. Como la legalización de la prostitución es una de las posibles soluciones acordadas más frecuentemente, la autora argumenta por qué le parece una política que las nuevas prácticas han vuelto obsoleta e inútil y cómo las recomendaciones disponibles en forma de “consejos prácticos” para aliviar los contratiempos suelen desconocer la innegable asimetría de la relación entre prostituta y cliente. En conclusión, la legalización existente en algunos países parece desconocer las nuevas normas sociales, económicas y de tecnología en que la prostitución se lleva a cabo hoy.

Alicja Helman, en “Las concepciones feministas en la historia del pensamiento cinematográfico” ofrece algunas de las coordenadas del desarrollo de la teoría feminista de análisis cinematográfico (el marxismo, el psicoanálisis, la antropología). Revisa textos ya clásicos, como los de Teresa de Lauretis, Laura Mulvey o Claire Johnston, que proponían espacios específicos para las creadoras y las espectadoras, trabajaban la intencionalidad de la mirada y centraban su análisis en la peculiaridad, desde un feminismo marxista-radical que terminó por ceder paso al feminismo postestructuralista, menos demandante y más abierto… que ejemplifica con Judith Buttler y su propuesta de que el género es actuación y, como tal, es una identidad cultural asumida, no solo impuesta. De un modo casi ingenuo, la transformación le hace decir que “con ello el radicalismo del feminismo se suavizó, cediendo su lugar a la problemática del género, o sea, a los estudios sobre la identidad cultural del sexo”. Y digo ingenuo porque, aunque sea cierto que cada vez tenemos más libertades para elegir qué modelos seguir, la opresión de género sigue existiendo, la violencia también, y en la mayoría de los casos, esa es una batalla pendiente. Hay aquí un tema del que suelo hablar a menudo. El hallazgo de la categoría de “género” para definir el proceso según el cual se construía la identidad sexual proviene de la teoría feminista. Sin embargo, la instalación de “género” como sinónimo muchas veces de mujer (o femenino) abunda en nuestra prensa. Y se usa alegremente, muchas veces sin tener muy claro de qué se trata. Llamo la atención sobre esto porque hablar de “género” en abstracto parece un modo eficaz de borrar a las mujeres y, sobre todo, de evitar mencionar la palabra “feminismo”.

También traducido del polaco y referido a ese ámbito cultural, el texto sobre “La posición de las mujeres en la doctrina social de la Iglesia Católica” expone un recorrido por la cultura del catolicismo, la Biblia, la doctrina de los padres de la Iglesia y la progresiva elevación histórica de la maternidad como epítome de la feminidad y, consecuentemente, la alabanza de la virginidad, del matrimonio indisoluble y la percepción del aborto y la anticoncepción como un crimen. A propósito, todavía asustan las palabras de Lutero: “Que mueran, con tal que paran; para eso son” o la afirmación del episcopado, en 1977, de que la nación polaca estaba en peligro de extinción a causa de las prácticas de contracepción o interrupción del embarazo. Quizás tanta reticencia de la Iglesia Católica más formal a la participación abierta de las mujeres sea una de las causas de la amplia prédica del protestantismo o la teología de la liberación en zonas antes dominadas por el Vaticano. De todos modos, cabe esperar que las cosas cambien, y que las mujeres católicas no se vean reducidas en su experiencia vital por la obediencia a una iglesia que pareciera desoír sus reclamos.

Denisa Adriana-Oprea aparece aquí con una reflexión sobre la tercera ola del feminismo y el Postmoderno. Como veíamos en el texto sobre el cine, el feminismo en los 90 se transformó en otra cosa.  El discurso de lo colectivo homogéneo fue sustituido por uno de lo individual y heterogéneo, al tiempo que muchas de las conquistas tan deseadas se alcanzaban y el feminismo se refugiaba en el espacio académico, los medios insistían machaconamente en que la liberación había derivado en soledad o sobrecarga de trabajo, en negación de la maternidad y, en última instancia, en un estado de cosas no deseable. Aunque la autora hace una distinción entre la práctica del feminismo de esta tercera ola en los ámbitos anglófono y francófono, ambos son esencialmente partidarios de la defensa de una individualidad que, aún cuando discute los problemas concernientes a todos, se afirma a sí misma y no como parte de un grupo, una generación o un modelo de feminidad combativa. Cercanas a lo que llama “el postmoderno del descentraje” el feminismo de la tercera ola sería más afín a una identidad de género en permanente construcción, preformativa, como dice Buttler, o nómada, según Braidotti; pero su coincidencia con “el postmoderno del vacío” y su negación de la necesidad de intervención política es imposible.

El excesivo relativismo de la teoría postmoderna, la constante imprecisión enunciativa, la movilidad o nomadismo del sujeto, a menudo indefinible, son características del pensamiento actual que influyen en el feminismo de esta tercera ola, coexistente, por otra parte, con la negación muchas veces clara y directa de la herencia de sus predecesoras. Una situación que retrata sin medias tintas Toril Moi en el magnífico ensayo “Yo no soy feminista, pero…: Cómo ‘feminismo’ se convirtió en la palabra impronunciable”. Para ella resulta sorprendente que hoy, justo cuando más personas comparten opiniones coherentes con las demandas feministas, el término esté tan desprestigiado que casi nadie se atreve a definirse como tal. Como dice Moi, y podemos constatar en nuestro día a día, “Somos testigos del surgimiento de toda una nueva generación de mujeres que tienen el cuidado de prologar con la frase “Yo no soy feminista, pero…” toda afirmación relacionada con el género que apenas pudiera producir una impresión de apartarse de lo convencional”. Yo le haría un ajuste mínimo a esa frase: entre nosotros no se trata de la más joven generación, aquí prácticamente toda mujer hace la declaración de rigor en situaciones semejantes. La campaña conservadora contra el feminismo durante los 90 (y Moi habla de los Estados Unidos, donde enseña, pero nos sirve) rescató viejas tácticas y acusó a las feministas de ser hechiceras, prosocialistas, lesbianas, o todo junto. Un comentarista radial bastante conocido dio a luz el término “feminazis” que definía, entre otros rasgos, así: “Una feminazi es una mujer para la que lo más importante en la vida es velar por que se realicen tantos abortos como sea posible”. Esa demagogia, que ha sido apoyada también por muchas que se dicen “feministas de nuevo tipo” y que proponen enfrentarse al “establishment feminista radical”, dice Moi, se ha instalado en la cultura estadounidense con bastante naturalidad. Antihombres, dogmáticas y fanáticas, eso son las feministas hoy para el gran público. En publicaciones e intervenciones públicas, la palabra “se ha vuelto tóxica”, según Moi, y hay que rescatarla de la mejor manera, es decir, trabajando. Y trabajando en buscar nuevos paradigmas teóricos, pues, como afirma tomando como ejemplo El segundo sexo, “Beauvoir estaba comprometida con la libertad política e individual y con una exploración filosófica seria de la vida cotidiana de las mujeres. Para mí, esos siguen siendo compromisos ejemplares para una feminista y el postestructuralismo no ha sido demasiado amistoso hacia ellos”. Esta reflexión, como todas las anteriores, es en sí misma interesante y motivadora. Pero, además, nos incita a buscar en nuestra experiencia un espacio para la acción. Leyendo estos textos, mirando alrededor, hallaremos nuestro propio camino. Creo que esa es la contribución mayor de esta selección y del trabajo de Desiderio Navarro y del Centro Teórico-Cultural Criterios; estableciendo puentes hacia otras culturas, otras dimensiones de lo humano, por así decir, convierte nuestro paisaje cotidiano en un espacio pasible de ser interpretado, de ser comparado, de ser transformado. Por mi parte, leer estos trabajos me confirma que la lucha por una sociedad más justa y digna no puede ser cosa del pasado y que el feminismo tiene reservas suficientes todavía para seguir intentando cambiar el mundo para mejor. Aunque silenciemos su legado, aunque ignoremos sus llamadas de atención, está vivo (aunque maltrecho) y lucha.

Poder compartir esa constatación con ustedes hoy me llena de alegría y me da fuerzas para continuar en la batalla.

Gracias, Desiderio.

* Presentación de los textos sobre feminismo y temas afines incluidos en los tomos 1 y 2 de Denken Pensée Thought Myśl… E-zine de pensamiento cultural europeo. Volúmenes 1 y 2, febrero 2011-noviembre 2013. Selección: Desiderio Navarro. Centro Teórico-Cultural Criterios/Editorial Arte y Literatura, La Habana, 2014.

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